En la década de 1920, Le Corbusier construyó la Villa Savoie, una auténtica obra maestra que se convertiría en uno de sus edificios más representativos y que serviría, más adelante, en un punto de referencia a la hora de adecuar las arquitecturas contemporáneas en los cinco postulados que Le Corbusier había expuesto, a los que se llamaron los cinco puntos de la arquitectura moderna.
PILOTIS
Los pilares exentos, o pilotis de la estructura portante, separan el edificio del suelo, de este modo se asegura el respeto del edificio hacia el terreno, al margen de sus irregularidades topográficas, como ocurre en este caso de terreno ondulado.
FACHADA LIBRE
La estructura de disocia de los muros de la fachada, es decir, el cerramiento exterior del edificio se convierte en una pared lisa y única. De este modo se consigue una composición libre de los huecos de la fachada, procurando mejoras en cuanto a iluminación y a vistas.
VENTANA CORRIDA
La ventana apaisada y longitudinal viene como consecuencia de la fachada libre, liberada de su función portante, por lo que las ventanas pueden ser largos huecos horizontales de cristales con abertura corredera. Este tipo de ventanas proporcionan mucha más luz y enmarcan con amplitud el paisaje, permitiendo la proyección del espacio interior hacia el exterior.
Además de estos tres puntos, faltarían dos que no vemos representados en esta estructura: la PLANTA LIBRE, es decir, la planta en sí pero liberada de cualquier función portante, los únicos que soportan las cargas serían los pilotis, de manera que las divisiones del espacio interior responderían a motivos únicamente funcionales, y la TERRAZA JARDÍN, o bien el terreno ocupado por el edificio recuperado en la cubierta plana del mismo, construido como terraza jardín.
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